Carmina burana, un éxito en el Nazas

El Teatro se llenó en todos sus extremos, hasta en el proscenio, que albergó tanto a la orquesta como al vasto coro compuesto por varios alumnos de escuelas de música de la región.

Octavo concierto de la temporada otoño-invierno de Camerata de Coahuila.

Octavo concierto de la temporada otoño-invierno de Camerata de Coahuila. (Aldo Cháirez)

Torreón, Coahuila

De la primera a la última fila todos los espacios fueron ocupados, pocos laguneros se dieron la oportunidad de perderse el octavo concierto de la temporada otoño-invierno de Camerata de Coahuila, en el que esta noche ofrecieron uno de los conciertos más afamados del compositor alemán Carl Off: Carmina Burana.

El Nazas se llenó en todos sus extremos, hasta en el proscenio, que albergó tanto a la orquesta como al vasto coro compuesto por el Centro de Estudios Musicales de Torreón (CEMT), el Colegio Cervantes, la Escuela Municipal de Música Silvestre Revueltas, el coro de Esperanza Azteca de Coahuila y Coral Palestrina.

La audiencia no despegó el oído ni por un minuto, se concentró en los poemas y el juego musical, que es un ir y venir de emociones e ideas.

Todas estas voces, como una sola, dieron vida a esta obra llena de tintes, que recorre todas las emociones.

Asimismo contaron con la participación de la soprano Anabel de la Mora, el tenor Enrique Guzmán y el soprano Juan Carlos Heredia, quienes no solamente interpretaron la melodía, sino que entraron en el sentimiento de las letras, en la angustia o la alegría, en la picardía, en la fiesta de la taberna, en todos los escenarios plazmados en la obra de Carl Off.

“Carmina burana” (cuyo título original era “Canciones de Beuern: Canciones profanas para cantantes y coristas para ser cantados con instrumentos e imágenes mágicas”) es una composición con un prólogo y tres secciones con 25 piezas.

Off seleccionó 24 poemas pertenecientes a una colección de poemas medievales escritos por monjes errantes y estudiantes vagabundos, que abarcan temas que van de lo moral a lo religioso, a la sátira y a la celebración del amor, de la primavera, la comida, la bebida y otros placeres terrenales.

La audiencia no despegó el oído ni por un minuto, se concentró en los poemas y el juego musical, que es un ir y venir de emociones e ideas.

Al final del concierto los aplausos cayeron a tropel, todos se pusieron de pie, los músicos solistas recibieron flores y los directores de cada uno de los coros que formaron parte de “Carmina burana”.

Fuente: Milenio.com